miércoles, 17 de noviembre de 2010

When there was me and you

[...] La mano de mi novio apretó fuerte la mía en un intento de darme fuerza para traspasar las puertas del gran salón de baile. En ese momento todo el mundo me miró como si no fuese bienvenida, como si fuese un bicho raro que no encajara en aquella fiesta refinada. Saludé a mis suegros más que nada por protocolo, aunque bien sabía que en ningún momento habían recriminado a su único hijo varón, heredero de sus negocios y fortuna, por escoger a alguien simple como yo en vez de a una de las tantas chicas ricas y nobles con las que ellos le habían querido prometer. Dirigió su mirada hacia la mía y me sonrió. Nunca había logrado entender cómo sabía lo que necesitaba en cada momento. Miré sus preciosos ojos azules y di gracias mentalmente por tenerle en mi vida, y más en aquella etapa tan dura que estaba viviendo.

Mi madre murió cuando yo tenía sólo unos meses. Mi padre siempre ha sido mi madre y mi padre en todos los aspectos. Siempre fuimos él y yo. Cuando cumplí los cinco años un amigo dejó en mi casa a una niña que mi padre adoptó como suya. Siempre la he considerado mi hermana, pero jamás volvimos a ser él y yo. Todo pasó a ser él, ella, y si tenía tiempo de atenderme, yo.
A medida que fui creciendo co
mencé a ser consciente de todo lo que mi padre me ocultaba. Al parecer mi madre fue sólo una noche alocada para mi padre ya que a quien realmente quería era a la madre de mi hermana. Imaginaréis que fue un golpe muy duro.

De ahí parte toda la historia que estaba viviendo esa noche: mentiras y secretos ocultos que no podían ser desvelados por una razón que simplemente desconocía. Podría no estar allí esa noche, pero me consideraba una buena hermana y una buena hija; yo no había hecho nada malo, tan sólo me había limitado a vivir mi vida contando con aquellos que habían querido vivirla conmigo. Mi hermana se había comprometido y los padres de mi novio les ofrecieron su mansión de verano para celebrar la noticia y hacerla pública ante la sociedad chic a la que pertenecía mi futuro cuñado.

Cuando la vi entrar en la esta
ncia quedé maravillada. Estaba preciosa, con un vestido largo color borgoña y el pelo ligeramente recogido. No me extrañó que toda la gente hiciese un círculo a su alrededor para admirarla. Pero esa noche no era para mí y tardé poco en descubrirlo. Mi padre entró en la sala con la cabeza bien alta, mostrando su orgullo ante lo preciosa que estaba su hija. Vi cómo la abrazaba y entonces soltó las palabras más crueles que una hija podía escuchar de un padre, teniendo en cuenta la relación que teníamos él y yo: eres lo más maravilloso que me ha pasado nunca. Sólo tú podías hacerme tan feliz.

El estómago me dio un vuelco, el corazón se me encogió, y mi respiración se entrecortó. No podía creer lo que estaba escuchando. Un ramalazo de furia y celos se apoderó de mí y supe que tenía que salir de ahí lo más rápido posible antes de que pudiese montar un escándalo. Allí, no. Había mucha gente que no se merecía un mal comportamiento por mi parte y no iba a destrozar más mi imagen ante todas aquellas muchachas que aún me veían como su rival por arrebatarles a uno de los mejores partidos del mundo de la nobleza.


Cuando mi novio volvió a mirarme supe que había entendido cómo me sentía en ese momento. Nunca había ocultado su descontento con mi padre por el trato que me daba, aunque siempre le había pedido que no hablásemos de él cuando estábamos juntos. Agarró mi brazo delicadamente intentando que no me derrumbase allí mismo de la impotencia, pero el gesto no impidió que mis ojos se llenasen de lágrimas y acabase saliendo del salón casi al trote, lo que me permitían el vestido y los tacones. Sabía que me seguía preocupado, pero por mucho que estuviese a mi lado en ese momento sólo podía sentir una soledad y un vacío incurables. [...]




*Nota: no es uno de los textos que considere mejor escritos, ni de los que más me gustan, pero lo escribí en un tiempo en el que me sentía como la protagonista (aunque yo no tengo esos conflictos familiares). Un tiempo en el que no acababa de encontrar mi sitio.
** Foto: Victoria Francés

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