jueves, 11 de noviembre de 2010

Evitando lo inevitable...

No sé como mis pies habían llegado hasta él. No sé ni siquiera de dónde había sacado el valor para aferrarme con fuerza contra su cuerpo, al principio rígido, paralizado. Sabía en mi interior que no se esperaba mi reacción.

Sus besos eran mi bálsamo, un vicio perdido en algún lugar de mi ser. El calor de su piel me provocaba escalofríos, más propios de la tensión del momento. Tenía que parar para respirar, pero prefería mil veces morir ahogada que soltarme de sus suaves labios.

En ese momento no podía adivinar en qué lugar terminaban los míos y en que lugar comenzaban los suyos. Eran sólo uno, como yo habría querido hace mucho tiempo, cuando todo estaba bien, cuando los dos sabíamos que nos amábamos sincermente.

Algo en el fondo de mi mente me gritaba que eso estaba mal y que si no paraba le iba a hacer mucho daño...otra vez. No podría seguir cargando con esa culpa toda mi vida.


Por eso, aunque deseaba que el tiempo se parase para nosotros, me separé de él.

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