La llama que me ilumina me recuerda a ti: tan viva, tan alegre, tan delicada.
Ella aparece cuando todo está oscuro; tú, cuando no veo el camino a seguir.
Ella me calienta cuando tengo frío; tú me arropas con tus brazos cuando ves que estoy temblando.
Ella baila con los soplos de aire; yo me siento viva cuando oigo cómo tu voz me da ánimos.
Ella deja un rasto de humo cuando se apaga; tú cuando te marchas dejas un vacío que nadie puede llenar.

Voy a encender la llama para que me alumbre, me caliente, me anime y me haga sentir vacía cuando se apague.
Porque así somos: fuego ardiente que nadie podrá extinguir y que nos consume lentamente.
Dos velas: tú y yo.
Dos llamas: tu alma y la mía.
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