viernes, 12 de noviembre de 2010

Primera y Última Parada...

Con el tacatac del tren... ¿los trenes hacen tacatac? ahora que estoy en uno no estoy tan segura. Pues sí, voy de camino a Barcelona en el tren con el único remordimiento de dejar solos a mis pezqueñines de agua dulce. Yo sé que sólo son peces, pero los voy a echar mucho de menos.


A pesar de haberme levantado más temprano de lo normal o de lo que debía, por los nervios que
sufro siempre antes de viajar, me ha pillado el toro guardando las últimas cosas en el necesser. Siempre me entra el cosquilleo de pensar que me olvido de algo que voy a echar en falta en mi lugar de destino. Me he rallado cosa de diez minutos y al final he corrido la cremallera y he guardado el bolso en la maleta para intentar olvidarme de esa angustia. Le he puesto rápidamente un candado, he escondido a conciencia la llave del mismo y he salido de casa corriendo, dejando a mi madre con el beso en la boca. Por mucho que se esfuerce sé que en lo que he cerrado la puerta se ha puesto a llorar. La conoceré yo bien.


Sólo son dos semanas, pero he de reconocer que si hay algo que no me falla cada vez que salgo de casa por unos días es cerrar la puerta lo más rápido posible para evitar sentirme mal. Sí, ya sé que es una tontería, pero echo mucho de menos mi casa: mi habitación, mi cama, mi mesa de estudio, mi ordenador, los rayos del sol filtrándose por mis cortinas verdes. Algún día tendré que aceptarlo, no voy a vivir en casa eternamente, ¿no?



¿Hay algo más incómodo que escribir con un continuo ir y venir? Ni yo misma logro entender mi letra. Me queda mucho viaje aún y hay que matar el tiempo. Tengo debajo de este folio mis apuntes de derecho, pero y qué si no pienso mirarlos. Si me los traigo conmigo es para que mi conciencia esté tranquila, por pensar que si tengo algún momento libre o aburrido les echaré un vistazo. Sin embargo, de verdad deseo hacer tantas cosas estos quince días que espero que esos ratos en blanco sean inexistentes. Si al final el aburrimiento hace acto de presencia, ya que hablamos de derecho, optaré por inventarme un nuevo derecho fundamental: tengo derecho a aburrirme tranquilamente, porque para eso están las vacaciones. Los apuntes pueden esperar hasta el día que regrese a Salamanca.


Definitivamente no recordaba cómo era viajar en tren. La última vez que subí a uno fue para ir a la comunión de mi primo, y os puedo asegurar que ha llovido mucho desde entonces. Tengo un continuo cosquilleo en el estómago cada vez que arranca después de haber hecho una parada en una de las tantas estaciones del recorrido. Me incomoda la lentitud con la que comienza a moverse, los avisos de radio sobre la próxima parada, tengo pitidos en los oídos y dudo mucho que sea porque alguien se esté metiendo conmigo. Y la película, ¿qué mierda de película es esta? Ahorro mis esfuerzos de enchufar los auriculares y comprobarlo, pero por la pinta que tiene, no es un estreno reciente.


En fin me parece que voy a hacer algo constructivo. Leer, por ejemplo. Así quizás logre que el viaje no se me haga tan eterno. Casi que lo prefiero ya que los aviones me dan pánico y en autobús me mareo. Así que, ¿hay algo mejor que viajar en tren? Sí, en AVE que es más rápido y más cómodo. ¡Ah! pero también más caro ^_^




*Nota: sí, todos los textos son míos, fruto de inspiraciones pasajeras o pequeños fragmentos de mis novelas inacabadas :)

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