sábado, 20 de noviembre de 2010

El concierto al que nunca debí acudir

Voy corriendo. Mierda, ya llego tarde. Para una vez que puedo ir a verle ya llego tarde. Las chicas van más adelantadas que yo, no es porque corran más o yo esté cansada es que tengo una opresión en el pecho como si algo me dijese que no fuera. Aún llegando tarde nos hemos parado en un kiosco para comprar lo que las chicas han denominado “gominolas para picar durante el concierto”. Yo he pedido de todo un poco, por eso de paliar los nervios. He comprado un regaliz negro, de esos que no soporto, pero me lo como mientras seguimos yendo a toda prisa para no llegar con el espectáculo ya comenzado.

Entramos. Por poco; está a punto de empezar. El auditorio está a rebosar y vamos a la parte de arriba a coger sitio. No tengo ánimo para sentarme en una butaca así que decido sentarme en las escaleras y apoyarme contra la pared. La angustia se hace cada vez mayor, me cuesta respirar. No sé si ha sido buena idea traer esta falda blanca, parece como de vestido de comunión con volumen y todo. Intento que no se me vea nada. Llevo una gorra, de esas que tanto me gustan porque llevan LA cosido en azul en la parte delantera. No sé cómo ponérmela, quiero colocarla de tal manera que mi cara quede lo más oculta posible. La visera para atrás, a un lado, para adelante. Lo único que sé es que cuando me la quite parecerá que no me he peinado. Vaya pintas qué llevo, pero me da igual. Menos mal que venimos a un concierto de rock, ese tipo de rock que yo no denomino rock. Demasiado suave para lo que yo podría soportar ahora mismo. Las luces se han apagado. Esto va a empezar y yo desearía que me tragara la tierra.

Ahí está él iluminado por los focos. La sensación de angustia se mezcla con la de amor y quiero salir de allí casi de inmediato. Mientras decido si me quedo o me voy han terminado un par de canciones. Mi chico ha hecho una pequeña pausa para dar las buenas noches y agradecer la presencia de todos: “gracias por venir”. En ese momento me mira, no estoy tan lejos de él, y le dedico una ligera sonrisa aunque en cuanto puedo desvío mi mirada. Sé que lo dice por mí. He estado tan ocupada estudiando que no he podido acudir a ninguna de sus actuaciones y apenas hemos podido vernos en todo el tiempo que han durado los exámenes.

Por fin se ha terminado el espectáculo y, a pesar de lo que deseaba hace un rato, ahora no quiero salir de allí. Todo el mundo se ha ido y desde la puerta oigo cómo me llaman para irnos. Salgo del auditorio con desgana, los demás ya están muy adelantados y yo camino con la mayor de las calmas. Tengo unas ganas terribles de llorar, siento como si me hubiese pasado algo por encima y me hubiese aplastado física y moralmente. Llamo a mi mejor amiga y le pido que me acompañe al baño. Una vez dentro me vengo abajo. No puedo evitarlo. Ella se asusta, no sabe qué me ocurre y yo no sé explicárselo. No sé cuando ha ocurrido pero mi falda está rota, hecha jirones; mi gorra también está rota, las letras LA ya no están, es como si alguien las hubiese arrancado. ¿Cuánto tiempo hace que voy con estas pintas de pordiosera? Eso incrementa mi sensación de angustia y desesperación.

Quiero irme a casa, no quiero que él me vea así. Se supone que hoy tenía que ser una noche especial, alegre, de celebración porque todos los conciertos han sido un éxito, pero yo no puedo quedarme a celebrarlo y no quiero estropear la noche a nadie. Mis intenciones se truncan cuando nada más salir me encuentro a mi chico en la puerta del baño. No sé si estaba allí porque quería entrar o porque sabía que yo estaba dentro. Mi amiga nos deja solos y yo intento que no se note mi estado de ánimo. Él me mira de arriba abajo como si supiese que estoy mal, pero tengo la sensación de que quiere dejarlo pasar. Antes de que pueda decirle nada me veo arrastrada hacia él en un fuerte y sentido abrazo. Se lo devuelvo como si fuese el último que le diese. Me da un suave beso en la cabeza y nos separamos. Coge mi mano y me lleva a algún sitio, no sé adónde. Después de todo lo que he llorado estoy muy cansada y mis párpados pesan muchísimo. Sea a dónde sea que me lleve, confío en él y me dejo arrastrar. Entra en una habitación y me pide que le espere. Hay mucho jaleo, supongo que serán sus compañeros de grupo.

Aprovechando que él está dentro decido irme de allí. Las chicas se han marchado y ya habrán llegado al sitio donde decidimos ir después del concierto; y mi chico no saldrá hasta dentro de un rato, por eso hago un esfuerzo y salgo corriendo. Con un poco de suerte cuando se den cuenta ya habré llegado a casa y podré meterme en la cama. Desconectaré el teléfono para que nadie me llame y si estoy de humor mañana, ya daré explicaciones de lo ocurrido, aunque no sé qué voy a decir, ni cómo.

Perdóname. Te quiero, pero no puedo quedarme. Nunca debí haber venido…


*Uno de esos sueños raros e inexplicables en el que ves las cosas bastante borrosas y lo único con lo que te quedas o recuerdas es lo que siente esa chica, que ni siquiera sé si soy yo.

**Audio: http://www.youtube.com/watch?v=e2Ma4BvMUwU

No hay comentarios:

Publicar un comentario