domingo, 12 de diciembre de 2010

He dado como...

He dado como mil vueltas antes de despertar.

He dado como mil pasos en aquel bosque amarillo de hojas otoñales.

He dado como diez suspiros en cada banco en el que me he sentado antes de llegar al final del camino.

He dado como cuatro bocanadas de aire para que se me pasara el mareo provocado por verte de nuevo.

He dado como miles de instrucciones a mis ojos para evitar que derramaran lágrimas.

He dado como miles de golpes imaginarios contra tu pecho para que conocieras el dolor que me produjo tu abandono.

He dado como cinco minutos a mis ojos para memorizar y recordar cada rasgo de tu rostro.

He dado como decenas de excusas a mi mente para explicar los porqués que se cuestiona.

He dado como dos palabras sencillas que hicieran entender lo poco que me apetecía estar allí.

He dado como dos vistazos al camino y me he dado la vuelta por donde vine repitiendo una y otra vez las decenas de excusas,

los minutos para memorizarte,

los miles de golpes contra tu pecho,

las miles de instrucciones a mis ojos,

las cuatro bocanadas de aire,

los diez suspiros en cada banco,

los miles de pasos en el bosque,

y las miles de vueltas antes de despertar.



Y desperté.



*Audio

jueves, 9 de diciembre de 2010

Play

Con los cascos puestos. Que no falten antes de salir de casa.

Despejar mi sueño con un buen tema de fondo. A todo volumen.

Música para acordarte de algo gracioso y sonreír como una tonta. Que por ello te mire todo el mundo.

Caminar al son de una canción que enciende tu rabia, encoge tu estómago, te hace llorar...




Enamorarse de la voz de ese cantante de moda. Él que está cantando lo desenamorado que está, y tú pensando en miles de maneras con las que podrías consolarlo.
Muy explícito @.@

Silvar o tararear una melodía. Cantarla a pleno pulmón en mitad de la calle mientras la gente pasa. Da igual, estás enamorada de la vida...


Sería terrible vivir sin música.






*Muchas cosas en la cabeza, poca inspiración :S

** Audio: http://www.youtube.com/watch?v=APZ5I00kpN8

viernes, 26 de noviembre de 2010

Listen a heartless cry

No hay nadie.
Un paraje desierto y bancos para admirar la soledad.
Escalofríos producidos por el viento y el miedo.
Los pájaros cantan en los árboles comunicando quién sabe qué.

Creo que va a llover.
Las nubes se han oscurecido y estoy muy lejos de mi casa; me voy a empapar.



Oigo pasar el tráfico descontrolado.
Voy a tirarme en mitad de la carretera y para el tránsito circulatorio.
Voy a gritar que todo me da igual y quiero acabar con mi vida.

Porque no sé por dónde ir. Me he perdido y no quiero pedir ayuda.
No me deja este estúpido orgullo.

Quiero llorar y me resisto.
Las lágrimas empeorarían la poca visión que mis ojos pueden ofrecerme en este momento.

Está lloviendo.



*Audio: http://www.youtube.com/watch?v=p1ae6hh6XwA

sábado, 20 de noviembre de 2010

El concierto al que nunca debí acudir

Voy corriendo. Mierda, ya llego tarde. Para una vez que puedo ir a verle ya llego tarde. Las chicas van más adelantadas que yo, no es porque corran más o yo esté cansada es que tengo una opresión en el pecho como si algo me dijese que no fuera. Aún llegando tarde nos hemos parado en un kiosco para comprar lo que las chicas han denominado “gominolas para picar durante el concierto”. Yo he pedido de todo un poco, por eso de paliar los nervios. He comprado un regaliz negro, de esos que no soporto, pero me lo como mientras seguimos yendo a toda prisa para no llegar con el espectáculo ya comenzado.

Entramos. Por poco; está a punto de empezar. El auditorio está a rebosar y vamos a la parte de arriba a coger sitio. No tengo ánimo para sentarme en una butaca así que decido sentarme en las escaleras y apoyarme contra la pared. La angustia se hace cada vez mayor, me cuesta respirar. No sé si ha sido buena idea traer esta falda blanca, parece como de vestido de comunión con volumen y todo. Intento que no se me vea nada. Llevo una gorra, de esas que tanto me gustan porque llevan LA cosido en azul en la parte delantera. No sé cómo ponérmela, quiero colocarla de tal manera que mi cara quede lo más oculta posible. La visera para atrás, a un lado, para adelante. Lo único que sé es que cuando me la quite parecerá que no me he peinado. Vaya pintas qué llevo, pero me da igual. Menos mal que venimos a un concierto de rock, ese tipo de rock que yo no denomino rock. Demasiado suave para lo que yo podría soportar ahora mismo. Las luces se han apagado. Esto va a empezar y yo desearía que me tragara la tierra.

Ahí está él iluminado por los focos. La sensación de angustia se mezcla con la de amor y quiero salir de allí casi de inmediato. Mientras decido si me quedo o me voy han terminado un par de canciones. Mi chico ha hecho una pequeña pausa para dar las buenas noches y agradecer la presencia de todos: “gracias por venir”. En ese momento me mira, no estoy tan lejos de él, y le dedico una ligera sonrisa aunque en cuanto puedo desvío mi mirada. Sé que lo dice por mí. He estado tan ocupada estudiando que no he podido acudir a ninguna de sus actuaciones y apenas hemos podido vernos en todo el tiempo que han durado los exámenes.

Por fin se ha terminado el espectáculo y, a pesar de lo que deseaba hace un rato, ahora no quiero salir de allí. Todo el mundo se ha ido y desde la puerta oigo cómo me llaman para irnos. Salgo del auditorio con desgana, los demás ya están muy adelantados y yo camino con la mayor de las calmas. Tengo unas ganas terribles de llorar, siento como si me hubiese pasado algo por encima y me hubiese aplastado física y moralmente. Llamo a mi mejor amiga y le pido que me acompañe al baño. Una vez dentro me vengo abajo. No puedo evitarlo. Ella se asusta, no sabe qué me ocurre y yo no sé explicárselo. No sé cuando ha ocurrido pero mi falda está rota, hecha jirones; mi gorra también está rota, las letras LA ya no están, es como si alguien las hubiese arrancado. ¿Cuánto tiempo hace que voy con estas pintas de pordiosera? Eso incrementa mi sensación de angustia y desesperación.

Quiero irme a casa, no quiero que él me vea así. Se supone que hoy tenía que ser una noche especial, alegre, de celebración porque todos los conciertos han sido un éxito, pero yo no puedo quedarme a celebrarlo y no quiero estropear la noche a nadie. Mis intenciones se truncan cuando nada más salir me encuentro a mi chico en la puerta del baño. No sé si estaba allí porque quería entrar o porque sabía que yo estaba dentro. Mi amiga nos deja solos y yo intento que no se note mi estado de ánimo. Él me mira de arriba abajo como si supiese que estoy mal, pero tengo la sensación de que quiere dejarlo pasar. Antes de que pueda decirle nada me veo arrastrada hacia él en un fuerte y sentido abrazo. Se lo devuelvo como si fuese el último que le diese. Me da un suave beso en la cabeza y nos separamos. Coge mi mano y me lleva a algún sitio, no sé adónde. Después de todo lo que he llorado estoy muy cansada y mis párpados pesan muchísimo. Sea a dónde sea que me lleve, confío en él y me dejo arrastrar. Entra en una habitación y me pide que le espere. Hay mucho jaleo, supongo que serán sus compañeros de grupo.

Aprovechando que él está dentro decido irme de allí. Las chicas se han marchado y ya habrán llegado al sitio donde decidimos ir después del concierto; y mi chico no saldrá hasta dentro de un rato, por eso hago un esfuerzo y salgo corriendo. Con un poco de suerte cuando se den cuenta ya habré llegado a casa y podré meterme en la cama. Desconectaré el teléfono para que nadie me llame y si estoy de humor mañana, ya daré explicaciones de lo ocurrido, aunque no sé qué voy a decir, ni cómo.

Perdóname. Te quiero, pero no puedo quedarme. Nunca debí haber venido…


*Uno de esos sueños raros e inexplicables en el que ves las cosas bastante borrosas y lo único con lo que te quedas o recuerdas es lo que siente esa chica, que ni siquiera sé si soy yo.

**Audio: http://www.youtube.com/watch?v=e2Ma4BvMUwU

viernes, 19 de noviembre de 2010

Adiós

Muy pronto. Te fuiste muy pronto.
Apenas recuerdo tu cara, tu voz. Cómo eras.


¿Cómo decirte, ahora que ya es tarde, lo importante que eras para todos?

¿Que todos te echan de menos, aunque no lo digan por lo doloroso que resulta reconocerlo?



Me gustaría poder decírte que recuerdo los pocos momentos que pasamos juntos. Cuando aún era pequeña y me sentabas en tus rodillas. Y cuánto reíamos. Lo felices que éramos. La calidez que daba tu presencia a cada habitación a la que entrabas.


Me gustaría poder olvidar el recuerdo de tu pérdida. Cuando yo no era más que una niña que desconocía el significado de tu ausencia.
El adios y el abrazo que nunca pude darte por no saber que te estabas marchando.
La bofetada fuerte y dolorosa que da entender, cuando creces, lo injusta que es la vida.


Te hablo a ti porque sé que aún quedaron cosas por decir. Cosas que quizás no diría sin aún estuvieras aquí. Cosas que me duele haber guardado para mí y que ya no podrán ser escuchadas.


Decirte que los años en los que algunas cosas merecían la pena, dejaron paso a años en los que la tristeza nos recuerda que ya no estás con nosotros. Y que ya nada es igual.


Me gustaría saber si todo esto ha servido para algo y nuestro sufrimiento está significado tu paz. Si fuese así, pagaría por sufrir cada minuto de mi vida. Porque yo te echo mucho de menos.


Sé que te fuiste muy pronto, quizás dejando cosas por hacer, pero lo mucho o poco que estuviste con nosotros dejó una huella inborrable.

Allá donde te encuentres no olvides que aquí se te sigue recordando.





*A los que se fueron pronto y a los que nunca se deberían haber ido <3
**Audio: http://www.youtube.com/watch?v=RmiKOaZxqOA

miércoles, 17 de noviembre de 2010

When there was me and you

[...] La mano de mi novio apretó fuerte la mía en un intento de darme fuerza para traspasar las puertas del gran salón de baile. En ese momento todo el mundo me miró como si no fuese bienvenida, como si fuese un bicho raro que no encajara en aquella fiesta refinada. Saludé a mis suegros más que nada por protocolo, aunque bien sabía que en ningún momento habían recriminado a su único hijo varón, heredero de sus negocios y fortuna, por escoger a alguien simple como yo en vez de a una de las tantas chicas ricas y nobles con las que ellos le habían querido prometer. Dirigió su mirada hacia la mía y me sonrió. Nunca había logrado entender cómo sabía lo que necesitaba en cada momento. Miré sus preciosos ojos azules y di gracias mentalmente por tenerle en mi vida, y más en aquella etapa tan dura que estaba viviendo.

Mi madre murió cuando yo tenía sólo unos meses. Mi padre siempre ha sido mi madre y mi padre en todos los aspectos. Siempre fuimos él y yo. Cuando cumplí los cinco años un amigo dejó en mi casa a una niña que mi padre adoptó como suya. Siempre la he considerado mi hermana, pero jamás volvimos a ser él y yo. Todo pasó a ser él, ella, y si tenía tiempo de atenderme, yo.
A medida que fui creciendo co
mencé a ser consciente de todo lo que mi padre me ocultaba. Al parecer mi madre fue sólo una noche alocada para mi padre ya que a quien realmente quería era a la madre de mi hermana. Imaginaréis que fue un golpe muy duro.

De ahí parte toda la historia que estaba viviendo esa noche: mentiras y secretos ocultos que no podían ser desvelados por una razón que simplemente desconocía. Podría no estar allí esa noche, pero me consideraba una buena hermana y una buena hija; yo no había hecho nada malo, tan sólo me había limitado a vivir mi vida contando con aquellos que habían querido vivirla conmigo. Mi hermana se había comprometido y los padres de mi novio les ofrecieron su mansión de verano para celebrar la noticia y hacerla pública ante la sociedad chic a la que pertenecía mi futuro cuñado.

Cuando la vi entrar en la esta
ncia quedé maravillada. Estaba preciosa, con un vestido largo color borgoña y el pelo ligeramente recogido. No me extrañó que toda la gente hiciese un círculo a su alrededor para admirarla. Pero esa noche no era para mí y tardé poco en descubrirlo. Mi padre entró en la sala con la cabeza bien alta, mostrando su orgullo ante lo preciosa que estaba su hija. Vi cómo la abrazaba y entonces soltó las palabras más crueles que una hija podía escuchar de un padre, teniendo en cuenta la relación que teníamos él y yo: eres lo más maravilloso que me ha pasado nunca. Sólo tú podías hacerme tan feliz.

El estómago me dio un vuelco, el corazón se me encogió, y mi respiración se entrecortó. No podía creer lo que estaba escuchando. Un ramalazo de furia y celos se apoderó de mí y supe que tenía que salir de ahí lo más rápido posible antes de que pudiese montar un escándalo. Allí, no. Había mucha gente que no se merecía un mal comportamiento por mi parte y no iba a destrozar más mi imagen ante todas aquellas muchachas que aún me veían como su rival por arrebatarles a uno de los mejores partidos del mundo de la nobleza.


Cuando mi novio volvió a mirarme supe que había entendido cómo me sentía en ese momento. Nunca había ocultado su descontento con mi padre por el trato que me daba, aunque siempre le había pedido que no hablásemos de él cuando estábamos juntos. Agarró mi brazo delicadamente intentando que no me derrumbase allí mismo de la impotencia, pero el gesto no impidió que mis ojos se llenasen de lágrimas y acabase saliendo del salón casi al trote, lo que me permitían el vestido y los tacones. Sabía que me seguía preocupado, pero por mucho que estuviese a mi lado en ese momento sólo podía sentir una soledad y un vacío incurables. [...]




*Nota: no es uno de los textos que considere mejor escritos, ni de los que más me gustan, pero lo escribí en un tiempo en el que me sentía como la protagonista (aunque yo no tengo esos conflictos familiares). Un tiempo en el que no acababa de encontrar mi sitio.
** Foto: Victoria Francés

martes, 16 de noviembre de 2010

Yo amo, Tú amaste...

Y corrí. Muy lejos. Dejando mis lágrimas por el camino. Secadas por el viento. Con la vista nublada. El corazón latiendo muy rápido.

Quien dijera que el amor es el mejor sentimiento del mundo jamás amó en vida. El amor es destructivo. Una enfermedad que merma los sentidos hasta quedar ciega porque no ves a nadie más, sorda porque lo que diga la gente te da igual, muda porque no existen las palabras coherentes y racionales.

Un te quiero roto. Cantado al aire que no llegó nunca a su destino.
Un te quiero enfrentado a la realidad de no ser correspondido.
Sin delicadeza, como un jarro de agua fría.
Vacío. No queda nada.
Porque das todo por esa persona amada y pierdes todo lo perdido cuando esa persona gira su vista hacia otro lado.





Un ya no te quiero que atormenta mi cordura; la poca que pueda quedarme.

domingo, 14 de noviembre de 2010

1+1

He encendido una vela para sentirme identificada con la llama que arde.

La llama que me ilumina me recuerda a ti: tan viva, tan alegre, tan delicada.
Ella aparece cuando todo está oscuro; tú, cuando no veo el camino a seguir.

Ella me calienta cuando tengo frío; tú me arropas con tus brazos cuando ves que estoy temblando.

Ella baila con los soplos de aire; yo me siento viva cuando oigo cómo tu voz me da ánimos.

Ella deja un rasto de humo cuando se apaga; tú cuando te marchas dejas un vacío que nadie puede llenar.



Voy a encender la llama para que me alumbre, me caliente, me anime y me haga sentir vacía cuando se apague.

Porque así somos: fuego ardiente que nadie podrá extinguir y que nos consume lentamente.
Dos velas: tú y yo.
Dos llamas: tu alma y la mía.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Primera y Última Parada...

Con el tacatac del tren... ¿los trenes hacen tacatac? ahora que estoy en uno no estoy tan segura. Pues sí, voy de camino a Barcelona en el tren con el único remordimiento de dejar solos a mis pezqueñines de agua dulce. Yo sé que sólo son peces, pero los voy a echar mucho de menos.


A pesar de haberme levantado más temprano de lo normal o de lo que debía, por los nervios que
sufro siempre antes de viajar, me ha pillado el toro guardando las últimas cosas en el necesser. Siempre me entra el cosquilleo de pensar que me olvido de algo que voy a echar en falta en mi lugar de destino. Me he rallado cosa de diez minutos y al final he corrido la cremallera y he guardado el bolso en la maleta para intentar olvidarme de esa angustia. Le he puesto rápidamente un candado, he escondido a conciencia la llave del mismo y he salido de casa corriendo, dejando a mi madre con el beso en la boca. Por mucho que se esfuerce sé que en lo que he cerrado la puerta se ha puesto a llorar. La conoceré yo bien.


Sólo son dos semanas, pero he de reconocer que si hay algo que no me falla cada vez que salgo de casa por unos días es cerrar la puerta lo más rápido posible para evitar sentirme mal. Sí, ya sé que es una tontería, pero echo mucho de menos mi casa: mi habitación, mi cama, mi mesa de estudio, mi ordenador, los rayos del sol filtrándose por mis cortinas verdes. Algún día tendré que aceptarlo, no voy a vivir en casa eternamente, ¿no?



¿Hay algo más incómodo que escribir con un continuo ir y venir? Ni yo misma logro entender mi letra. Me queda mucho viaje aún y hay que matar el tiempo. Tengo debajo de este folio mis apuntes de derecho, pero y qué si no pienso mirarlos. Si me los traigo conmigo es para que mi conciencia esté tranquila, por pensar que si tengo algún momento libre o aburrido les echaré un vistazo. Sin embargo, de verdad deseo hacer tantas cosas estos quince días que espero que esos ratos en blanco sean inexistentes. Si al final el aburrimiento hace acto de presencia, ya que hablamos de derecho, optaré por inventarme un nuevo derecho fundamental: tengo derecho a aburrirme tranquilamente, porque para eso están las vacaciones. Los apuntes pueden esperar hasta el día que regrese a Salamanca.


Definitivamente no recordaba cómo era viajar en tren. La última vez que subí a uno fue para ir a la comunión de mi primo, y os puedo asegurar que ha llovido mucho desde entonces. Tengo un continuo cosquilleo en el estómago cada vez que arranca después de haber hecho una parada en una de las tantas estaciones del recorrido. Me incomoda la lentitud con la que comienza a moverse, los avisos de radio sobre la próxima parada, tengo pitidos en los oídos y dudo mucho que sea porque alguien se esté metiendo conmigo. Y la película, ¿qué mierda de película es esta? Ahorro mis esfuerzos de enchufar los auriculares y comprobarlo, pero por la pinta que tiene, no es un estreno reciente.


En fin me parece que voy a hacer algo constructivo. Leer, por ejemplo. Así quizás logre que el viaje no se me haga tan eterno. Casi que lo prefiero ya que los aviones me dan pánico y en autobús me mareo. Así que, ¿hay algo mejor que viajar en tren? Sí, en AVE que es más rápido y más cómodo. ¡Ah! pero también más caro ^_^




*Nota: sí, todos los textos son míos, fruto de inspiraciones pasajeras o pequeños fragmentos de mis novelas inacabadas :)

jueves, 11 de noviembre de 2010

Evitando lo inevitable...

No sé como mis pies habían llegado hasta él. No sé ni siquiera de dónde había sacado el valor para aferrarme con fuerza contra su cuerpo, al principio rígido, paralizado. Sabía en mi interior que no se esperaba mi reacción.

Sus besos eran mi bálsamo, un vicio perdido en algún lugar de mi ser. El calor de su piel me provocaba escalofríos, más propios de la tensión del momento. Tenía que parar para respirar, pero prefería mil veces morir ahogada que soltarme de sus suaves labios.

En ese momento no podía adivinar en qué lugar terminaban los míos y en que lugar comenzaban los suyos. Eran sólo uno, como yo habría querido hace mucho tiempo, cuando todo estaba bien, cuando los dos sabíamos que nos amábamos sincermente.

Algo en el fondo de mi mente me gritaba que eso estaba mal y que si no paraba le iba a hacer mucho daño...otra vez. No podría seguir cargando con esa culpa toda mi vida.


Por eso, aunque deseaba que el tiempo se parase para nosotros, me separé de él.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Me Gusta/No Me Gusta

No me gusta que me gusten tantas cosas, pero tampoco que no me guste nada. Me gusta despertar por la mañana cegada por los rayos de sol filtrados en mi persiana. Me gusta sentir el frío de la tarima en mis cálidos pies. Sentir el tacto de las zapatillas mientras camino. No me gusta que mis ojos tarden demasiado en acostumbrarse a la luz del pasillo, ni que mi madre me grite ‘buenos días’ mientras desayuno.

Odio que la niebla de la mañana intente fastidiarme el día, ni que las nubes oscurezcan el cielo. Me gusta escuchar la música en mis cascos muy alta, tan alta que logre oír la respiración de aquél que me está cantando. En cambio, no me gusta que la música del chico sentado a mi lado en el autobús me deje sorda. Me gusta tener un sentimiento de libertad al final de las clases, notar como las cadenas invisibles de las butacas del auditorio se sueltan para dejarme marchar. Desde luego que me encanta.

Me encanta que la lluvia moje mi cara mientras me marcho a casa, pero no me gusta que la tristeza me invada en los días lluviosos. Adoro recrearme en las páginas de un buen libro mientras disfruto del calor de la calefacción. En algún despiste miro hacia la ventana y, contemplando el vaho, siento que está helando fuera. Sonrío, porque eso me encanta.

Al final del día, odio quedar agotada, pero disfruto cuando el agua caliente de la ducha recorre mi cuerpo y siento como me relaja. Pero sobre todas las cosas anteriores, odio acostarme tarde y luchar contra el cierre inminente de mis parpados. Porque si hay algo que me gusta de verdad, es fundirme con las sábanas y compartir con la almohada los más profundos de mis sueños.


:)